
A Delfi le encantan los galgos y los grandes cuentos que ha leído desde chiquita. Por eso, decidió estudiar para convertirse en escritora. Aun así, antes de eso, Delfi fue una lectorcita – como a ella le gusta llamarse a sí misma (y a todos los chicos que les guste leer)– y por eso, hoy, quiere compartir el mundo del Galgo Ecuestre con ustedes.
Su pasatiempo favorito es buscar destellitos de creatividad por todas partes. ★ Llora cuando terminan las películas. Le gusta ver qué tan diferentes son las sonrisas de la gente que posa para las fotos. Ver las manos de su mamá cocinando, que se parecen a las de su abuela. La música de algún violín un poco desafinado. Que alguien le de la mano. La sensibiliza cuidar a quien la necesita; los libros que tienen ese no-se-qué. El olor a pancita de sus perros, y las mariposas (que le dan un poco de miedo).
Creo que le sensibiliza de todo un poco.
Pensó en crear esta revista cuando se acordó de su papá: Todas las mañanas le llegaba la revista y a su papá, el diario. Y los dos desayunaban juntos, leyendo. Así de simple son los recuerdos, y ahí es donde ella encuentra los destellitos de creatividad.
“Me encantaría que este proyecto tenga esa partecita mía: mi sensibilidad, que se mezcle un poquito con ternura y amabilidad que siempre viene bien. Siento que eso me representa y quiero que sea mi huella como fundadora de esta revista a la que ya le tengo tanto amor.”

Empecemos por el hecho de que a Pombo le gusta que le digan Pombito.
Le suena más dulce, no sé por qué
Cuando Pombito era chiquito, se encontró con un caballo que le contó una historia. Que ahora, claro, con el tiempo ya no se acuerda muy bien sobre qué era. Pero lo importante es que a partir de ese momento, a Pombito le pasaron dos cosas muy importantes: en primer lugar, se dedicó a correr por diferentes partes del mundo para encargarse de contar historias.
Grandes aventuras, historias de amores muy dulces, y algún que otro cuento de monstruos que terminan siendo buenos y llenos de amor.
Grandes aventuras, historias de amores muy dulces, y algún que otro cuento de monstruos que terminan siendo buenos y llenos de amor. Por otro lado, se dedicó a soñar. Se dio cuenta de que su sueño máximo era el de convertirse en un gran caballo, como el que le contó aquella primera historia, en aquel lejano lugar, hace muchos años atrás.
A Pombito entonces, le encanta soñar, y con esta revista, nos invita a soñar junto a él.
“¡Wau!¡Wau!¡Wau!¡Wau!¡Wau!¡Wau!¡Wau!¡Wau!”