Sobre los colores, la naturaleza y el camino del amor a través de la ilustración.
Por qué las ilustraciones nos hacen más felices.

Entre tantos colores que entran por la ventana, hay algunos que solo tienen sentido cuando alguien los piensa. Porque hay figuras, que solo funcionan cuando el color las agarra de la mano con dulzura, para contar una historia.
Creemos que para vivir solo necesitamos los elementos básicos de supervivencia: agua, comida, refugio, protección y sueño. Pero entonces, ¿dónde entran los elementos que nos sirven para existir? El amor, la dulzura, —no el sueño en sí— sino el soñar.
Existo porque me animo a sentir.
Los colores nos dan ese amor, ese que-se-yo que nos saca una sonrisita. Por eso los libros para niños son ilustrados, por eso tenemos arte en las escuelas, y los museos son parte de nuestra historia: porque en la ilustración, los colores cobran sentido.
Ana Sophia Ocampo—dulzura medida en colores.
Tus ilustraciones tienen una sensibilidad especial, ¿de dónde nace esa dulzura en tu arte?
“Creo que nace de la necesidad de traducir un poco lo que siento, al final creo que no es algo exclusivo mío. Todos tenemos un mundo sensible que intentamos traducir y que a veces descuidamos. Intentamos verlo reflejado en lo tangible: en la música, el cine, los paisajes, los animales. Creo que mis ilustraciones son mis sentires que entiendo pueden ser un lugar común, es un lugar muy íntimo y personal que quiero que otros puedan sentir como propio.”
Invitamos a Ana Sophia Ocampo a que nos cuente un poco acerca de su trabajo como ilustradora. La misma dulzura que construye en sus imágenes se ve plasmada en las palabras que elige para compartir la intimidad de su impronta.
Explora el sentimiento colectivo a través de lo personal, de lo propio. Y eso hace que sus ilustraciones nos interpelen, que nos hagan sonreír.
Todos tenemos un mundo sensible que intentamos traducir y que a veces descuidamos.
“El Galgo Ecuestre” es una revista que cree en la infancia como un estado eterno, algo que nos une a versiones de nosotros mismos que tienen la capacidad de contemplar de otra forma: —más sensible, con más ternura, más libre.

Un acto de amor a nuestro yo chiquito.
Tus ilustraciones no son específicamente infantiles, pero tienen una gran capacidad de conectar con diferentes edades. ¿Cómo logras hacer que tu arte sea accesible tanto para niños como para adultos?
”Desde el inicio de mi carrera como ilustradora busque desenmarcar la ilustración de la ilustración infantil, no porque no me guste, me encanta y gran parte de mis referentes vienen de ese mundo, sino porque sentía la necesidad de hacer imágenes que conectaran con personas contemporáneas sin dejar mi estilo de lado, creo que a los adultos nos hace falta ver el mundo a través de las imágenes, es como si crecer a veces nos quitara ese lenguaje. Así que creo que mi trabajo al tener como tema principal los animales y la naturaleza logra conectar con distintas edades”
Me pregunto yo: ¿qué pasa cuando la infancia deja de ser algo que nos quedó lejano? ¿Cómo nos animaríamos a ver la vida si la adultez no fuese lo que nos separa de la infancia?
¿Hay algún mensaje o tema recurrente en tus ilustraciones que te gustaría compartir con tu audiencia?
”Quizá la ternura, estar conmovida, pero también sentirme atravesada por la rabia, la decepción, creo al final es dejar que lo humano me atraviese, ser testigo del tiempo, por eso la naturaleza es un elemento recurrente en mis ilustraciones, no sólo porque en sí la veo como un maestra si no porque lo impermanente está ahí, en marchitarse y renacer.”
Cuando pensamos la vida en colores, de repente se nos vuelve todo un poco más cercano. No porque nos es más real, sino porque se nos mueve todo un poco más cerquita del corazón.
Y por colores, no me refiero únicamente a aquellos colores que vemos, sino al hecho de que también, es nuestra responsabilidad pensar los colores a través de su capacidad de movilizarnos: a partir de sus texturas o de aquello que nos hacen recordar. Tal vez, por qué no, estaría bueno pensarlos a partir de lo que no vemos y de lo que nos puede sorprender. Porque, como Ana Sophia dice,
la naturaleza es maestra de la vida y del sentir.

Ilustración para los pequeños soñadores.
Cuando ves a un niño o una niña mirando una de tus ilustraciones, ¿qué esperas que ellos sientan o piensen?
“Espero que encuentre algo que les resulte conmovedor, que les caliente el corazón un poco, que alimente su imaginación con otros mundos e imágenes.”
En sus ilustraciones, Ana Sophia elabora un mundo que le es propio, y por eso los colores, las figuras, sus texturas y hasta los espacios en silencio nos introducen a algo que nos moviliza, porque cada uno de los elementos que presenta es orgánico a la dulzura con la que los piensa.
Los colores que encontramos en la aventura.
Quisimos terminar nuestra entrevista con una pregunta que a nosotros nos importa. Porque esta revista es para los pequeños soñadores, cuentacuentos de la vida y aventureros de la historia.
Para aquellos niños que sueñan con ser ilustradores algún día, ¿qué consejo les darías sobre cómo conectar con su creatividad y su forma de ver el mundo?
Esto respondió Ana Sophia:
”Les diría que todos tenemos una forma de ver el mundo única, una narrativa y una verdad que contarnos que sólo nos pertenece a nosotros, que la cuiden y la honren. En un mundo que intenta apagar lo que sentimos y estandarizar los procesos, seamos los que sienten, los que arriesgan y que le tengan fe al amor, al final, de mil formas nos salva.”
Sí, nuestra narrativa es eso que llevamos dentro, eso que nos mueve y nos hace sentir, y con ese sentir entonces hacemos cosas lindas, cosas que nos dan la oportunidad de movilizar a otros corazonsito que necesita del mismo amor.
Y así, me quedo con esta frase:
“Que le tengan fe al amor, al final, de mil formas nos salva.”














