Soy yo, pero no tanto.
Cuando crecemos, vamos cambiando. Y está bien. A veces es difícil, porque nos da miedo. Imaginate, de repente, cambiar de cuerpo, cambiar esa cuchita que te mantuvo calentito durante toda tu vida, de repente, se vuelve rara… No nos gustan las mismas cosas, y ya no parezco a nadie… ni siquiera a mis papás.
Entonces así me doy cuenta, de que soy yo, pero no tanto.

A veces me olvido que una vez fui chiquita.
Si, así como leiste. Yo también fui chiquita alguna vez. Pero después crecí y me olvidé que a veces me gustaba esuciarme las rodillas con barro, o que me daba miedo meterme al mar, y sólo podía si me llevaba mi papá, o que a veces, hasta me daba un poco de celos que mi hermano fuera más chico que yo, porque signifciaba que a él le quedaba más tiempo de ser chiquito.
Pero, después me acordé que gran parte de quienes escriben libros para niños, son adultos. Y me pregunté, ¿cómo hacen?

Cómo escribir para niños si ya me convertí en adulto.
Tenés que volver a leer tu libro favorito de cuando eras peque. Si, ese que es "sólo para chicos"… es mentira. Todos los libros, son para todos.
Definir qué tenés para contar y animarte a jugar con la forma en la que lo hacés. Porque cuando uno es más chico, por alguna razón, la creatividad tiene menos límites. (Pero ojo, cuando uno es adulto, puede pasar lo mismo también)
Y ahora si, lo más importante, es volver a encontrarte con tu yo chiquito. Ese que te habías olvidado que alguna vez fue, sigue ahí, en tus recuerdos, en la memoria, en las fotos… lo único que queda es que vos te animes a decirle "hola"
Entonces, acordate, a veces sentimos que esa persona que fuimos ya no está más. Pero eso es lo lindo de contar historias. Yo, personalmente, siempre me ecuentro con mi yo chiquita cuando cuento un cuento. Por ejemplo:
Había una vez un pez, al que le gustaba el jeréz.
No tiene mucho sentido esa oración. Pero me gusta y punto. Entonces me permito que me guste, y me imagino un pez, con una copita de jeréz. Dulce, y un poquito amargo. Porque de eso se trata contar cuentos: tener un ratito para pensar sin límites, para divertirse y animarse a descubrir qué tenemos adentro de nuestro corazón.
No te olvides de seguirnos, y si sos adulto, animate a contarnos cuáles son tus recuerdos favoritos de cuando eras chiquito.
Si sos peque, mandanos un cuento corto. Que esos a Pombo el galgo ecuestre, ¡le encantan!














